La fragilidad es un síndrome geriátrico que aumenta la vulnerabilidad de las personas mayores frente a enfermedades, hospitalizaciones y pérdida de autonomía. Sin embargo, detectarla a tiempo puede prevenir o incluso revertir muchas de sus consecuencias.
Signos como la pérdida de fuerza, la lentitud al caminar, el cansancio excesivo o la pérdida de peso pueden indicar el inicio de fragilidad.
La buena noticia es que intervenciones sencillas —como el ejercicio físico adaptado, una nutrición adecuada o la estimulación cognitiva— pueden mejorar significativamente la salud y la autonomía de las personas mayores.

En Fundación Longenia trabajamos para que todos los avances médicos que mejoran la salud, especialmente durante el proceso de envejecimiento, sean accesibles y asequibles para todas las personas.
Porque vivir más años solo tiene sentido si también vivimos mejor.


